Peñiscola, ciudad rodeada de mar por todas partes menos por una. Coronada por un Castillo que albergó al Papa Luna

Peñíscola, rodeada de mar por todas partes menos por una.

Este hecho la convierte en casi una isla. Peñiscola es de una increíble belleza. La ciudad antigua está engarzada en el peñon rodeada de un conjunto de murallas y torres vigías que la protegen. En la parte más alta del peñón se se sitúa el castillo a modo de torre vigía y fortaleza inexpugnable.

Visitar Peñíscola significa retroceder en la historia. El castillo que corona la ciudad antigua fue una fortaleza construida por el Orden de los Caballeros Templarios. También fue residencia del papa Benedicto XIII más conocido como Papa Luna.

Las vistas desde las terrazas del castillo son espectaculares, por un lado el puerto y los paisajes de la Sierra de Irta.  Por el otro, la Península en la que está enclavada la ciudad antigua y su conexión con tierra adentro.

El parque de Artillería está a los pies del Castillo. Se ha convertido en parque botánico de especies autóctonas de la Sierra de Irta. En la construcción de este parque es donde más se puede apreciar la estrategia militar. Es un conjunto fuerte y seguro, donde actualmente se conjugan las rampas, túneles, polvorines, fosas y murallas con las palmeras, olivos y lavandas.

Gracias a su cercanía al mar, sus pescadores y su puerto, Peñiscola cuenta con una gastronomia marinera de calidad. Está basada en el pescado, los arroces y los mariscos.

Subiendo a la ciudad antigua por su puerta principal nos encontramos con el bufador. Se trata de un gran orificio entre las rocas por el que el agua del mar surge de forma brusca, en días de temporal.

Gracias a su cercanía al mar a sus pescadores y su puerto con lonja, Peñiscola cuenta con una gastronomia marinera. Está basada la calidad del pescado, excelente marisco y sus arroces.

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